

| Reseñas y comentarios |
| Presentación del libro: Sindicalismo y lucha política: apuntes históricos sobre el movimiento obrero puertorriqueño, de Raúl Guadalupe de Jesús Librería Isla, Río Piedras, Puerto Rico 12 de noviembre de 2009 Por: Miguel A. Santiago Ríos Cual es la pertinencia de este libro, sobre sindicalismo y lucha obrera, en tiempos de una pretendida y conveniente pos-modernidad, y en la que historiadores, sociólogos y antropólogos se dedican a hacer estudios sobre los consumidores para Kraft Foods y WalMart. ¿Por qué hablar de la clase obrera y sus problemas?, en una época en la que se intenta redefinir de forma voluntarista la pertenencia a una clase social, no como un asunto objetivo, si no como si fuera una opción subjetiva, como un tipo de identidad sin base material alguna. Esto ha dado pie a fenómenos como los de pequeñas empresarias que le aplican a sus cocineros y meseros, no “bolas de pegao”, si no “medicina amarga”, métodos de administración aprendidos de autores neoliberales; pero aún así se siguen presentando como “sindicalistas de nacimiento”. Se llega también a la repetición del conocido fenómeno del mal de la amnesia histórica selectiva. Se olvidan cosas muy importantes que continúan en pleno desarrollo y afectándonos hoy. Cosas como el plan de cesantías del año 2006. Cosas como el Plan de Desarrollo Económico y Transformación de Gobierno para Puerto Rico de noviembre de 2007, en el que se proclaman las Sociedades Publico Privadas (SPP) como la más alta prioridad de la administración de Acevedo Vilá, Silva Puras y Jorge Rodríguez, con siete proyectos de SPP, adoptados todos por la administración Fortuño-Rodríguez Emma-Schatz, a las que ahora les llaman Alianzas Publico-Privadas (APP) y le añaden su toque con la Ley #7, concretizando así el plan de cesantías que comenzó a gestar el gobierno en el año 2006. Cercano a la tragi-comedia, recordamos de nuestra infancia la lucha libre local, en la que los luchadores, enmascarados e indistinguibles uno del otro, el Invader 1 y el Invader 2, le propinaban en relevos, una paliza inmisericorde a sus enemigos. A eso pareciera enfrentarse el movimiento obrero, ayer y hoy. Por eso creemos como vital el nunca olvidar. En armarse con la historia como medio de liberación. Porque, si despachamos esto como interesante, pero secundario en términos del presente, estaremos renunciando a la historia, y a la vez negándonos a entender cómo, por qué y quiénes nos golpean como clase trabajadora. ¿Qué hacer? ¿Olvidarnos? ¿Hacer abstracción del pasado? Pero, ¿Donde trazamos la raya del olvido selectivo? A partir de donde olvidaremos: a seis meses atrás; a uno, cuatro, cinco años; a 50, 100, 500 años atrás. ¿Renunciaremos a darnos cuenta de que existe una obvia continuidad en las agendas antiobreras y colonialistas de los últimos cinco años? ¿Olvidaremos lo que ha sido el tortuoso camino del movimiento obrero en el periodo que estudia y rescata Raúl en su libro, desde la división del la CGT en los 1940 hasta el surgimiento del PSP? La respuesta para nosotros es obvia. Alinearnos con la propuesta historiográfica de Raúl y desenmarañar nuestro pasado para entender el presente y rescatar, apropiarnos de nuestro futuro. Ante el naufragio ideológico producto de la bancarrota del movimiento obrero y de la izquierda puertorriqueña, vale la pena comenzar a poner en orden la casa. Este libro definitivamente va en esa dirección tanto en términos políticos como historiográficos. Sindicalismo y lucha política, de Raúl Guadalupe de Jesús, es una obra que logra articular un diálogo entre el presente y el pasado. Aclara nítidamente de donde vienen ciertas tendencias, problemas y aciertos en el movimiento obrero puertorriqueño. Pero además, logra insertar en la mente del lector preguntas, todas ellas urgentes, necesarias e incomodas; tanto acerca del ayer como del presente y el futuro. Y es que para Raúl, lo que la clase obrera vaya a hacer de hoy en adelante, depende directamente del resultado de los debates y análisis críticos de ese pasado. Nada de pasar la página como si nada hubiese ocurrido. En ese sentido, el libro y su autor se posicionan desde un materialismo histórico vigoroso, para acercarse sin dificultad a un análisis de la realidad social pasada, de forma directa, e invitándonos a hacer lo propio con el presente. El libro es en si mismo, en la síntesis que logra hilvanar del periodo bajo estudio, una muy importante aportación historiográfica a ese análisis necesario, tendiente a la acción premeditada. De entre los importantes puntos que trata este excelente libro, hay tres aspectos que me gustaría señalar. El primero lo es, la política de alianzas del PCP. Este aspecto ha recibido poca atención en la historiografía puertorriqueña. El libro da cuenta de la fuerte influencia de la Tercera Internacional Comunista, entonces ya bajo la influencia de Joseph Stalin, sobre los Partidos Comunistas de EEUU y Puerto Rico. Este último supeditado de tal forma al PC de EEUU, que en 1943, este prácticamente le manda a disolverse por entender, sorprendentemente, como bien plantea Raúl, que el PPD era un partido progresista e independentista (la KOMINTERN se disuelve el 15 de mayo de 1943). La injerencia de la Tercera Internacional fue notable además con la imposición de la política de frentes populares, adoptada a partir de su VII Congreso Mundial en 1935, dirigida a la creación de alianzas entre los diversos PC con los sectores liberales de sus respectivas burguesías nacionales. Eso dio paso a la campaña contra la guerra imperialista por parte del comunismo internacional, hasta que el 23 de agosto de 1939 se firma el Tratado de no agresión entre el Tercer Reich y la URSS (Pacto Molotov- Ribbentropp). El tratado produce un viraje al ordenarse el abandono de la política de frentes populares. Así la Tercera Internacional retoma los ataques a las burguesías nacionales, incluida la de los EEUU y su excusa de la lucha contra el nazismo usada para violentar las libertades públicas y las soberanías nacionales de los países americanos. El 22 de junio 1941, Alemania rompe el tratado con la Operación Barbarroja invadiendo a la URSS, y la política de la Tercera Internacional vuelve a los frentes populares contra el fascismo. En Puerto Rico como plantea Raúl en su libro, el PC seguirá esas instrucciones al pie de la letra apoyando al Gobernador Tugwell, al PPD y al programa de reformas del régimen colonial. El efecto directo fue el abandono de una política anti-colonial independiente por parte del PC. Nos dice Raúl que el efecto en el movimiento obrero fue devastador ya que la CGT, fundada el 31 de marzo de 1940, quedó a merced del PPD y su política de neutralización y control de la misma, tras la disolución del PCP y su aceptación de la política frentepopulista. Acerca de esto nos dice Raúl: “El intento de control por parte del PPD sobre la Confederación General de Trabajadores sigue manifestándose en el Segundo Congreso celebrado en San Juan en 1943, en este Congreso la polémica se tornó más aguda al punto que se eligieron 2 presidentes, Francisco Colón Gordiany y a Ramón Barreto Pérez. Esta situación estanco los trabajos de la central sindical ya que lo realizado por uno era boicoteado por el otro. La polémica se torna en cisma para el año de 1944 cuando los cegetistas miembros del PPD encabezados por Barreto Pérez aprovechan que Colon Gordiany así como otros miembros del Comité Ejecutivo de la CGT se encontraban en los Estados Unidos y reúnen a 37 uniones de la CGT para nombrar al Lcdo. Ernesto Ramos Antonini como asesor legal de la CGT. Ramos Antonini era uno de los líderes del PPD más cercanos a Luis Muñoz Marín.” [p. 67] Como menciona Raúl, esto se posibilitó en parte por la sujeción del PC a las políticas dictadas por la Tercera internacional y por la estrategia posibilista de su líder Cesar Andréu Iglesias de trabajar con las organizaciones existentes. Esa alianza desigual término tragándose al PC en la práctica. Como ejemplo nos dice Raúl que Alberto E. Sánchez, miembro fundador del PC y secretario general de la Asociación de Chóferes adscrita a la CGT, se convirtió en militante del PPD, sirviendo así de instrumento para legitimar la política de ese partido en las filas del movimiento obrero. Este tema aunque no se agota en este libro, está bien presentado y documentado, señalando el camino para futuras investigaciones sobre el mismo. Y esto nos lleva al segundo aspecto, también poco investigado, que fueron las dos divisiones de la CGT, sobre todo lo concerniente a la segunda y poco estudiada, producida en 1950. En el libro queda claro que la CGT estuvo atravesada por tensiones graves desde su nacimiento estallando tres crisis serias principales: la primera en 1940 (2 presidentes); la segunda, que resulta en la primera división en 1945, durante su Tercer Congreso, en el que se separan dos tendencias que darían pie a la creación de la CGT pro-gubernamental controlada por el PPD, y la CGT autentica, sector que abogaba por una central sindical independiente del control gubernamental. Sobre esto Raúl llama la atención de que en la monografía inédita sobre la CGT, de Israel Silva Merced, este afirma que la central sindical se fue descomponiendo a partir de las elecciones coloniales de 1944. Sin embargo, Raúl nos plantea que esa descomposición se inició en el Segundo Congreso de la CGT en 1943 y cita a Silva Merced que de forma atinada plantea con respecto a la CGT durante ese periodo que: “se intensifica el mismo proselitismo burgués que perdió a la Federación Libre de Trabajadores, con intereses antagónicos a la clase obrera, que logra penetrar el movimiento obrero organizado y lo alinea junto a la burguesía industrial” […]. En cuanto a la segunda división, que fue la división de la CGT gubernamental en 1950, nos dice Raúl que fue producto de una pugna por el control de la sindical entre el liderato del PPD, cuando ésta recién había pasado a ser la CGT-CIO. Esta división dará paso al surgimiento de la Organización Obrera Insular por un lado y por otro de la CGT-CIO. Puede verse en el libro la influencia pro sector gubernamental ejercida por las llamadas uniones internacionales en especial la CIO, que alimentó, según nos cuenta Raúl, dichas tendencias en el movimiento obrero. “Ya en ese punto la CGT-CIO y el PPD parecían la misma cosa” según una cita de una de las fuentes utilizadas por Raúl. El resto de la cita se encuentra en las páginas 93-94, les invito a obtener el libro y examinarla en su totalidad. Debo mencionar que este accionar político del PPD y su líder máximo Luis Muñoz Marín, de asegurar el control de las fuerzas políticas con potencial desestabilizador o de retar al sistema colonial, se dio también en Vieques a propósito de las expropiaciones de tierras por la Marina de Guerra, del 1940 al 1950, precisamente el período de existencia y pugnas por el control de la CGT. Al tiempo que apretaba el control gubernamental sobre la CGT, Muñoz Marín dejó clara su posición sobre las expropiaciones y expulsión de trabajadores de las mismas asumiendo el [...] “no inmiscuirse en forma o manera alguna en asuntos relacionados con la Defensa Nacional a menos que no [fuera] sea para brindarle su más decidido apoyo.” Tanto así que para emplear a alguien en Vieques el Comité Municipal del PPD tenía que obtener el visto bueno de Muñoz caso por caso. El oponerse a las expropiaciones y expulsiones por parte de la Marina era razón para no obtener trabajo ni ayuda del gobierno. De ese modo podemos apreciar que los esfuerzos de control sobre la CGT no fueron algo aislado y si una estrategia política del PPD para mantener su hegemonía como interlocutor privilegiado de los intereses de los EEUU en Puerto Rico. Este libro de Raúl abona evidencia adicional en esa dirección. Los detalles que se nos presentan en este libro son esclarecedores e invitan a seguir leyendo e indagando. Es sin lugar a dudas una de las muchas aportaciones importantes del libro que les invito a leer con detenimiento. En especial este periodo del 1939-1945, en el que desarrolla la vida institucional de la CGT y que coincide con la Segunda Guerra Mundial, un periodo en el que se realizaron transformaciones aceleradas en la relación colonial y en la estructura social puertorriqueña y que sirven de base al periodo del surgimiento del MPI- PSP. Ha sido tratado por diversos autores desde la óptica militar y política, pero hasta ahora no se había cubierto desde el punto de vista sindical y del movimiento obrero. Felizmente, Raúl lo hace en este libro para establecer los antecedentes y el contexto en el que surge a partir de la década de 1960: la Nueva Lucha y el Nuevo Sindicalismo impulsado por el MPI-PSP y su frente sindical, el MOU. En tercer lugar y por último, Sindicalismo y lucha política, de Raúl Guadalupe, traza lo que fue sin lugar a dudas el más importante avance político del Siglo XX para la clase obrera en Puerto Rico, con la fundación del MPI, su desarrollo como PSP y su inserción en el movimiento obrero a través del Movimiento Obrero Unido, pasando por la huelga de 1,200 trabajadores de la General Electric en el barrio Palmer, bajo la gobernación de Luis A. Ferré. Los aciertos y desaciertos de la política sindical del MPI-PSP, las luchas de tendencias a su interior, su potenciación de un sindicalismo independiente, paralelo al trabajo con las “uniones internacionales” o “uniones americanas”, y los efectos de la resonancia que tenía aún la crisis e implosión de la CGT dos décadas atrás, son tratadas de forma dialéctica, clara y concisa por Raúl. Sobre esto no me detendré y más bien los remito al texto pues la narrativa de Raúl es insustituible. Esta excelente obra dará mucho de que hablar, y esperamos que así sea pues mucha falta hace que se afronten ya los errores del pasado. Además, nos parece que logra establecer la génesis de muchos problemas actuales en el movimiento obrero y da pistas sobre cuestiones como la división y debilidad del movimiento obrero y sindical actual; del porque hubo dos tarimas el pasado “paro nacional”, y de porque no se ha podido cuajar una respuesta coherente y vigorosa de parte del movimiento obrero ante la crisis y las cesantías perpetradas por la actual administración colonial. De la lectura de estos capítulos, en especial del tercero, les aseguro que surgirán preguntas como las siguientes: ¿Fue lo del jueves 15 de octubre un paro nacional? ¿Qué realmente se quería lograr y qué en realmente se logró? ¿Qué camino tomar ante la compleja crisis a la que se enfrenta el movimiento obrero a su interior y ante la crisis de la economía capitalista que no parece tener un fin cercano? ¿Será acaso que la caída del PSP y su herencia de aciertos y de importantes desaciertos aún no han logrado ser superadas críticamente por el movimiento obrero? ¿Será acaso el activismo a través del Partido Demócrata de los EEUU la “nueva lucha” que se le propondrá al movimiento obrero? ¿Será esa la salida o habrá aún oportunidad para que el movimiento obrero puertorriqueño se renueve y haga valer los intereses y aspiraciones de la mayoría de forma independiente? Entonces ¿Cómo enfrentar la Ley #7 y las políticas que le dieron vida sin que tengamos los trabajadores que rendirnos una vez más y esperar para votar por el menos malo? Ante este panorama tétrico para la clase obrera, vale preguntarnos con profunda honestidad: ¿No estaremos acaso arrastrando viejos errores, reviviendo viejas practicas subjetivistas, voluntaristas y triunfalistas, similares o iguales a las que se analizan en este libro? Algo si puedo asegurarles, Raúl no les dará todas las respuestas en su libro, pero les aseguro que obtendrán sólidas pistas históricas que los pondrán a reflexionar y a hacerse seriamente otra pregunta: ¿Qué hacer, de dónde venimos y hacia dónde vamos? Les invito a leer Sindicalismo y lucha política, a reflexionar y a actuar. ===================================================== ****************************************************************************************************************** ****************************************************************************************************************** Presentación del libro Militarismo y clases sociales en Vieques: 1910-1950 Por: Profesor Raúl Guadalupe de Jesús, UPR-Bayamón Librería Mágica, Río Piedras, Puerto Rico 13 de marzo de 2008 Archivo Histórico y Museo Fuerte Conde de Mirasol Vieques, Puerto Rico 20 de abril de 2008 XXXI Festival Cultural Viequense Buenas tardes. Hoy les presentaré una historia que para muchos puertorriqueños es sólo eso una historia. La mayoría de los puertorriqueños sentimos la barbarie perpetrada por la Marina de Guerra de los Estados Unidos y luchamos contra ella. Sin embargo, hay que establecer que no vivimos la historia de terror que ha vivido este pueblo nuestro como la mayoría de los aquí presentes. La isla grande vive otra historia de terror. Comienzo estableciendo lo anterior con la firme convicción de que esta historia que nos devuelve Miguel Santiago nos pertenece a todos los puertorriqueños pero especialmente a nuestro amado pueblo de Vieques. Hoy existen historiadores oficiales que hablan del fin de las naciones y del fin de la historia misma, se equivocan. La nación no es una esencia ni es una abstracción académica. La nación es una realidad material, cotidiana y social que se construye con los lazos de empatía y simpatía que una comunidad humana va construyendo. La nación no es perfecta pero todavía es necesaria y por que es necesaria tenemos que someterla a constantes transformaciones para eliminar todo tipo de opresión y de injusticias. Fredric Jameson en su texto Una modernidad singular establece, entre otras cosas, la vuelta de la sociedad a las corrientes centrales del mundo moderno. Nos dice que luego de la euforia posestructuralista y su crítica a los metarelatos o grandes narrativas teleológicas, la sociedad contemporánea ha retomado los antiguos paradigmas de la modernidad. Actualmente, vivimos sometidos y medidos por el cálculo económico neoliberal. Ahora, el culto que nos tratan de hacer creer es el de la necesidad de la determinación del mercado en todos los aspectos de la vida social con la consiguiente no intervención del estado. Ante el fracaso del metarelato posmoderno los nuevos departamentos de filosofía están volviendo a justificarse en el mundo académico, los conflictos nacionales por la autodeterminación siguen vivos y los estados nacionales constituidos siguen protegiendo sus fronteras. En toda ´´vuelta´´ reaparecen las tesis y sus negaciones. El marxismo como instrumento de análisis de la realidad, el materialismo histórico y el materialismo dialéctico, como corpus teórico fue declarado muerto por los ideólogos burgueses desde su nacimiento. Sin embargo, como la canción de Joan Manuel Serrat propone, mientras existan condiciones de explotación social un análisis como el marxista no se debe subestimar. Si el paradigma neoliberal ha vuelto a reaparecer imponiendo sus criterios el marxismo se rearticula para ofrecerle resistencia. En la realidad ambos campos de fuerzas ideológicas han estado en una batalla permanente como la metáfora que nos propone la película 1900 dirigida por Bernardo Bertolucci.* Al leer el texto sobre Vieques que nos ofrece Miguel Santiago, que lleva como título Militarismo y clases sociales en Vieques: 1910-1950, me convenzo que estamos ante un trabajo de investigación histórica que sabe combinar varias dimensiones del conflicto sociohistórico que nos presenta; las expropiaciones de terrenos en la isla de Vieques por la Marina de Guerra norteamericana. Los aspectos del texto que me llamaron la atención como lector son los siguientes: la presentación de la isla de Vieques como parte de la economía norteamericana del azúcar y luego como parte del aparato militar; la manera clara en que hilvana las relaciones de poder político y el proceso de las expropiaciones; las relaciones de poder económico de la élite viequense y sus relaciones de parentesco y la complicidad del Partido Popular Democrático y su líder más importante, Luis Muñoz Marín, con el aparato militar en el proceso de expropiación de la mayor parte de la tierra en está isla municipio. En el primer capítulo, página 15, Santiago nos dice que; ´´Para principios del siglo XX la política exterior de los Estados Unidos estaba fuertemente matizada por el consumo de azúcar que se presentaba de forma acentuada en su expansión militar en la cuenca del Caribe. El imperialismo estadounidense en su versión tropical se consolidaba con el saldo de tener en lugar de Barbados, a Puerto Rico; en lugar de Jamaica, a Cuba; mientras que en la vital zona del Pacífico tenían a Hawai y las Filipinas.´´ En la isla de Vieques , nos dice el autor, las tierras ya estaban expropiadas pues pertenecían a un pequeño grupo de 26 individuos entre los que se destacaba: José J. Benítez Díaz. Este personaje de la historia real perteneció y fue funcionario electo del Partido Unión de Puerto Rico y amigo íntimo del poeta Luis Lloréns Torres. Benítez Díaz fue dueño de la central Benítez Sugar Company, luego Playa Grande Sugar Corporation. Esta central o corporación azucarera jugó un papel subordinado en el proceso de expropiación de sus terrenos por la Marina de Guerra. Miguel Santiago nos expone de forma minuciosa en el segundo capítulo, titulado ´´Entre la burguesía y la milicia: 1930-1941´´ , específicamente entre las páginas 78 y 88, la manera y forma en que la burguesía local de Vieques, no sólo el dueño de la Central Playa Grande Sugar Corporation, Juan Ángel Tió, se entregaron a los designios imperiales invocando una defensa nacional en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. La forma y manera en que el Departamento de Defensa y el gobierno estadounidense expropió a la burguesía local no fue la misma con la que expropió a los trabajadores de la caña y a los pequeños propietarios. Para los primeros hubo remuneraciones considerables, para los segundos raquíticas en el mejor de los casos. La primera expropiación de tierras se decretó el 12 de noviembre de 1941 ordenada por un puertorriqueño, juez interino de nombre Roberto Henry Todd, Jr. . En el año de 1942 se produjeron cuatro expropiaciones y tres en el año de 1943. La última de estas expropiaciones se ordenó el 2 de diciembre de 1950 mediante el caso civil #6188. Sobre las expropiaciones de 1942 nos dice el autor: Como consecuencia, las islas de Puerto Rico y Vieques experimentaban un acelerado proceso de militarización cada vez más agresivo que las iba convirtiendo en el Pearl Habor del Caribe. Entrando el 1942, ese proceso se aceleró y sólo para Vieques llegaron a ordenarse cuatro expropiaciones. Curioso proceso de militarización pues los resultados no fueron útiles para la batalla del Atlántico que se libraba entre los aliados y las fuerzas alemanas en la Segunda Guerra Mundial. El aparato militar norteamericano en Vieques quedó coherentemente constituido luego de acabado el conflicto. Como nos sugiere Santiago, la militarización de la isla vino a cumplir una función político militar en el contexto de la posguerra. Otra de las dimensiones del trabajo de Santiago es la exposición documentada de la colaboración del Partido Popular Democrático y Luis Muñoz Marín con la Marina de Guerra norteamericana. El autor establece, en la página 93, que Franklin Roosvelt le había brindado su apoyo al PPD y a Muñoz, por medio de Rexford G. Tugwell prometiéndole un nuevo arreglo del estatus y la posible aprobación de una ley de gobernador electivo. De hecho, Santiago nos muestra cómo respondió Luis Muñoz Marín ante el pedido de ayuda de los viequenses, luego de la depredación militar. La crisis entre los habitantes de la isla municipio fue de tal magnitud que Muñoz como presidente del Senado se vio obligado entre el 26 y 27 de febrero de 1943 a convocar a una comisión de 7 miembros para que estudiaran la situación y sometieran recomendaciones. A raíz de las recomendaciones de la comisión, el presidente del Senado, Luis Muñoz Marín, emitió una serie de órdenes que no resolvieron de forma extraordinaria los problemas de falta de trabajo y de malas condiciones de salud. Toda esta actividad se desarrolló tras la visita que la heterogénea comisión de viequenses le hiciera a Muñoz el 23 de febrero de 1943, alarmados por la crítica situación en la pequeña y golpeada isla. Aparentemente esa visita se consideró como una bandera de peligro. Como respuesta el esfuerzo del PPD se dirigió a mantener bajo control a la población viequense en medio de la situación de guerra. Por supuesto, de parte de Muñoz no hubo intención de cuestionar la agresiva agenda militar de la potencia metropolitana, sino más bien un compromiso de seguir con su principio irreductible de “no inmiscuirse en forma o manera alguna en asuntos relacionados con la Defensa nacional a menos que no sea para brindarle su más decidido apoyo”. Esta fue la actitud consecuente de Luis Muñoz Marín. La ayuda en materia de creación de empleos que viabilizó a favor de los habitantes de Vieques se realizó a través del Comité Municipal del PPD. Desarrollando las políticas clientelistas y caciquistas de las que otros investigadores han hablado y que Santiago expone con evidencia y documentación exhaustiva. Esos métodos clientelistas y caciquistas produjeron un proceso de subordinación en múltiples formas en una población desamparada. Como me dijera el propio autor de este libro ayer: el clientelismo y el caciquismo no se lo inventó Pedro Rosselló. El historiador de esta investigación que hoy invito a leer y a estudiar nos relata con un estilo diáfano los procesos de expropiación en Vieques perpetrados por la Marina estadounidense hilvanados de forma magistral con los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Las formas y maneras en que transita de lo local a lo mundial es sencillamente gratificante; nos recuerda, a un nivel menos pudoroso, algunas técnicas narrativas de los novelistas del boom latinoamericano. Santiago comienza su texto con un epígrafe de El Capital de Karl Marx que establece lo siguiente: Un par de palabras para evitar posibles equívocos. En esta obra, las figuras del capitalista y del terrateniente no aparecen pintadas, ni mucho menos, de color rosa. Pero adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto personificación de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones en las que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas. Con este epígrafe mi amigo persigue curarse en salud. Pues otra de las dimensiones que desarrolla en su libro son las relaciones de parentesco, que por su propia confesión las toma del campo de la etnografía. En su investigación de los títulos de propiedad y de los propietarios de las tierras de Vieques aparecen apellidos muy ligados a la historia de nuestro país: los Benítez, los Tió y los Sampayo, entre otros. La documentación utilizada: registro de la propiedad y los censos, entre otras fuentes, son exprimidas como una esponja por el historiador en su afán de evidenciar todo lo expuesto. El libro que hoy les presento es sin temor a equivocarme una de las mejores investigaciones sobre Vieques realizadas hasta el momento. Con un dominio sólido de la economía política marxista y un excelente manejo de las fuentes, Santiago reconstruye la historia de uno de los tantos crímenes del colonialismo norteamericano en nuestro país. Crímenes permitidos por líderes coloniales como Luis Muñoz Marín. Santiago nos ofrece información exhaustiva de esa colaboración. Resalto este hecho para llamar la atención sobre ciertas investigaciones que se vienen realizando para querer presentar un rostro benévolo de Luis Muñoz Marín. Claro que como todo ser humano, Luis Muñoz Marín actúo de forma negativa y positiva según los momentos de su vida. Sin embargo, lo que no podemos ignorar es que se falte a la verdad histórica, construyendo una historia apologética del líder. Después de todo como dice Marx, y Santiago cita, esto no es un asunto personal. La historia de Miguel A. Santiago es una sin coartadas. Los datos empíricos son alambicados por una concepción teórica clara y sin sofismas. Un ejemplo de ello es la forma en que expone los datos sobre la propiedad, que en momentos parecería que esta escribiendo un informe de bienes raíces, no obstante esos datos van a alumbrar una posición o a reforzar un argumento. Santiago no busca paralogizar, es decir, no intenta persuadir con discursos falaces y razones aparentes. Esa no es la manera de hacer historia de mi amigo. La historia de Santiago es una que busca reconstruir el pasado para entender y actuar en el presente. Es una historia para la liberación. Escrita en una prosa diáfana y cautivadora, la forma en que en momentos nos relata los sucesos se acerca a la narrativa. Como Georg Duby, narra la historia pero no es productor de ficciones ni mucho menos prestidigitador. El historiador, Miguel A. Santiago, nos ha devuelto al presente, a los viequenses, a los puertorriqueños, en fin, al archipiélago de Puerto Rico, como dijera Pedro Albizu Campos, una historia que no debemos permitir que ocurra jamás por el bien de nuestra integridad territorial. |
| "Un par de palabras para evitar posibles equívocos. En esta obra, las figuras del capitalista y del terrateniente no aparecen pintadas, ni mucho menos , de color de rosa. Pero adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto personificación de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clases. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones en las que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas." Karl Marx, El Capital |