Militarismo y clases sociales en
Vieques, 1910-1950 - RESEÑAS
Reseñas y comentarios
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Tomado de: Field Artillery Journal, May-June, 1949, vol. 39, No. 3.
Presentación del libro:

Sindicalismo y lucha política: apuntes históricos sobre el movimiento obrero
puertorriqueño,
de Raúl Guadalupe de Jesús

Librería Isla, Río Piedras, Puerto Rico
12 de noviembre de 2009
Por: Miguel A. Santiago Ríos

www.editorialtiemponuevo.com

Cual es la pertinencia de este libro, sobre sindicalismo y lucha obrera, en tiempos
de una pretendida y conveniente pos-modernidad, y en la que historiadores,
sociólogos y antropólogos se dedican a hacer estudios sobre los consumidores
para Kraft Foods y WalMart.  ¿Por qué hablar de la clase obrera y sus
problemas?, en una época en la que se intenta redefinir de forma voluntarista la
pertenencia a una clase social, no como un asunto objetivo, si no  como si fuera
una opción subjetiva, como un tipo de identidad sin base material alguna.  Esto
ha dado pie a fenómenos como los de pequeñas empresarias que le aplican a
sus cocineros y meseros, no “bolas de pegao”, si no “medicina amarga”, métodos
de administración aprendidos de autores neoliberales; pero aún así se siguen
presentando como “sindicalistas de nacimiento”.  
Se llega también a la repetición del conocido fenómeno del mal de la amnesia
histórica selectiva.  Se olvidan cosas muy importantes que continúan en pleno
desarrollo y afectándonos hoy.  Cosas como el plan de cesantías del año 2006.  
Cosas como el Plan de Desarrollo Económico y Transformación de Gobierno
para Puerto Rico de noviembre de 2007, en el que se proclaman las Sociedades
Publico Privadas (SPP) como la más alta prioridad de la administración de
Acevedo Vilá, Silva Puras y Jorge Rodríguez, con siete proyectos de SPP,
adoptados todos por la administración Fortuño-Rodríguez Emma-Schatz, a las
que ahora les llaman Alianzas Publico-Privadas (APP) y le añaden su toque con
la Ley #7, concretizando así el plan de cesantías que comenzó a gestar el
gobierno en el año 2006.  Cercano a la tragi-comedia, recordamos de nuestra
infancia la lucha libre local, en la que los luchadores, enmascarados e
indistinguibles uno del otro, el Invader 1 y el Invader  2, le propinaban en relevos,
una paliza inmisericorde a sus enemigos.   A eso pareciera enfrentarse el
movimiento obrero, ayer y hoy.  Por eso creemos como vital el nunca olvidar.  En
armarse con la historia como medio de liberación.  Porque, si despachamos esto
como interesante, pero secundario en términos del presente, estaremos
renunciando a la historia, y a la vez negándonos a entender cómo, por qué y
quiénes nos golpean como clase trabajadora.  ¿Qué hacer? ¿Olvidarnos?  
¿Hacer abstracción del pasado?  Pero, ¿Donde trazamos la raya del olvido
selectivo? A partir de donde olvidaremos: a seis meses atrás; a uno, cuatro, cinco
años; a 50, 100, 500 años atrás.  ¿Renunciaremos a darnos cuenta de que existe
una obvia continuidad en las agendas antiobreras y colonialistas de los últimos
cinco años? ¿Olvidaremos lo que ha sido el tortuoso camino del movimiento
obrero en el periodo que estudia y rescata Raúl en su libro, desde la división del
la CGT en los 1940 hasta el surgimiento del PSP?  La respuesta para nosotros
es obvia.  Alinearnos con la propuesta historiográfica de Raúl y desenmarañar
nuestro pasado para entender el presente y rescatar, apropiarnos de nuestro
futuro.  
Ante el naufragio ideológico producto de la bancarrota del movimiento obrero y
de la izquierda puertorriqueña, vale la pena comenzar a poner en orden la casa.  
Este libro definitivamente va en esa dirección tanto en términos políticos como
historiográficos.  Sindicalismo y lucha política, de Raúl Guadalupe de Jesús, es
una obra que logra articular un diálogo entre el presente y el pasado.  Aclara
nítidamente de donde vienen ciertas tendencias, problemas y aciertos en el
movimiento obrero puertorriqueño.  Pero además, logra insertar en la mente del
lector preguntas, todas ellas urgentes, necesarias e incomodas; tanto acerca del
ayer como del presente y el futuro.  Y es que para Raúl, lo que la clase obrera
vaya a hacer de hoy en adelante, depende directamente del resultado de los
debates y análisis críticos de ese pasado.  Nada de pasar la página como si
nada hubiese ocurrido.  En ese sentido, el libro y su autor se posicionan desde un
materialismo histórico vigoroso, para acercarse sin dificultad a un análisis de la
realidad social pasada, de forma directa, e invitándonos  a hacer lo propio con el
presente.
El libro es en si mismo, en la síntesis que logra hilvanar del periodo bajo estudio,
una muy importante aportación historiográfica a ese análisis necesario, tendiente
a la acción premeditada.   
De entre los importantes puntos que trata este excelente libro, hay tres aspectos
que me gustaría señalar.  
El primero lo es, la política de alianzas del PCP.  Este aspecto ha recibido poca
atención en la historiografía puertorriqueña.  El libro da cuenta de la fuerte
influencia de la Tercera Internacional Comunista, entonces ya bajo la influencia de
Joseph Stalin, sobre los Partidos Comunistas de EEUU y Puerto Rico.  Este
último supeditado de tal forma al PC de EEUU, que en 1943, este prácticamente
le manda a disolverse por entender, sorprendentemente, como bien plantea Raúl,
que el PPD era un partido progresista e independentista (la KOMINTERN se
disuelve el 15 de mayo de 1943).  La injerencia de la Tercera Internacional fue
notable además con la imposición de la política de frentes populares, adoptada a
partir de su VII Congreso Mundial en 1935, dirigida a la creación de alianzas
entre los diversos PC con los sectores liberales de sus respectivas burguesías
nacionales.  Eso dio paso a la campaña contra la guerra imperialista por parte
del comunismo internacional, hasta que el 23 de agosto de 1939 se firma el
Tratado de no agresión entre el Tercer Reich y la URSS (Pacto Molotov-
Ribbentropp).  El tratado produce un viraje al ordenarse el abandono de la política
de frentes populares.  Así la Tercera Internacional retoma los ataques a las
burguesías nacionales, incluida la de los EEUU y su excusa de la lucha contra el
nazismo usada para violentar las libertades públicas y las soberanías nacionales
de los países americanos.  El 22 de junio 1941, Alemania rompe el tratado con la
Operación Barbarroja invadiendo a la URSS, y la política de la Tercera
Internacional vuelve a los frentes populares contra el fascismo.  En Puerto Rico
como plantea Raúl en su libro, el PC seguirá esas instrucciones al pie de la letra
apoyando al Gobernador Tugwell, al PPD y al programa de reformas del régimen
colonial.  El efecto directo fue el abandono de una política anti-colonial
independiente por parte del PC.  Nos dice Raúl que el efecto en el movimiento
obrero fue devastador ya que la CGT, fundada el 31 de marzo de 1940, quedó a
merced del PPD y su política de neutralización y control de la misma, tras la
disolución del PCP y su aceptación de la política frentepopulista.  Acerca de esto
nos dice Raúl: “El intento de control por parte del PPD sobre la Confederación
General de Trabajadores sigue manifestándose en el Segundo Congreso
celebrado en San Juan en 1943, en este Congreso la polémica se tornó más
aguda al punto que se eligieron 2 presidentes, Francisco Colón Gordiany y a
Ramón Barreto Pérez.  Esta situación estanco los trabajos de la central sindical
ya que lo realizado por uno era boicoteado por el otro.  La polémica se torna en
cisma para el año de 1944 cuando los cegetistas miembros del PPD
encabezados por Barreto Pérez aprovechan que Colon Gordiany así como otros
miembros del Comité Ejecutivo de la CGT se encontraban en los Estados Unidos
y reúnen a 37 uniones de la CGT para nombrar al Lcdo. Ernesto Ramos Antonini
como asesor legal de la CGT.  Ramos Antonini era uno de los líderes del PPD
más cercanos a Luis Muñoz Marín.” [p. 67]   Como menciona Raúl, esto se
posibilitó en parte por la sujeción del PC a las políticas dictadas por la Tercera
internacional y por la estrategia posibilista de su líder Cesar Andréu Iglesias de
trabajar con las organizaciones existentes.  Esa alianza desigual término
tragándose al PC en la práctica.  Como ejemplo nos dice Raúl que Alberto E.
Sánchez, miembro fundador del PC y secretario general de la Asociación de
Chóferes adscrita a la CGT, se convirtió en militante del PPD, sirviendo así de
instrumento para legitimar la política de ese partido en las filas del movimiento
obrero.  Este tema aunque no se agota en este libro, está bien presentado y
documentado, señalando el camino para futuras investigaciones sobre el
mismo.         
Y esto nos lleva al segundo aspecto, también poco investigado, que fueron las
dos divisiones de la CGT, sobre todo lo concerniente a la segunda y poco
estudiada, producida en 1950.  En el libro queda claro que la CGT estuvo
atravesada por tensiones graves desde su nacimiento estallando tres crisis
serias principales: la primera en 1940 (2 presidentes); la segunda, que resulta en
la primera división en 1945, durante su Tercer Congreso, en el que se separan
dos tendencias que darían pie a la creación de la CGT pro-gubernamental
controlada por el PPD, y la CGT autentica, sector que abogaba por una central
sindical independiente del control gubernamental.  Sobre esto Raúl llama la
atención de que en la monografía inédita sobre la CGT, de Israel Silva Merced,
este afirma que la central sindical se fue descomponiendo a partir de las
elecciones coloniales de 1944.  Sin embargo, Raúl nos plantea que esa
descomposición se inició en el Segundo Congreso de la CGT en 1943 y cita a
Silva Merced que de forma atinada plantea con respecto a la CGT durante ese
periodo que: “se intensifica el mismo proselitismo burgués que perdió a la
Federación Libre de Trabajadores, con intereses antagónicos a la clase obrera,
que logra penetrar el movimiento obrero organizado y lo alinea junto a la
burguesía industrial” […].  
En cuanto a la segunda división, que fue la división de la CGT gubernamental en
1950, nos dice Raúl que fue producto de una pugna por el control de la sindical
entre el liderato del PPD, cuando ésta recién había pasado a ser la CGT-CIO.  
Esta división dará paso al surgimiento de la Organización Obrera Insular por un
lado y por otro de la CGT-CIO.  Puede verse en el libro la influencia pro sector
gubernamental ejercida por las llamadas uniones internacionales en especial la
CIO, que alimentó, según nos cuenta Raúl, dichas tendencias en el movimiento
obrero.  “Ya en ese punto la CGT-CIO y el PPD parecían la misma cosa” según
una cita de una de las fuentes utilizadas por Raúl.  El resto de la cita se encuentra
en las páginas 93-94, les invito a obtener el libro y examinarla en su totalidad.  
Debo mencionar que este accionar político del PPD y su líder máximo Luis Muñoz
Marín, de asegurar el control de las fuerzas políticas con potencial
desestabilizador o de retar al sistema colonial, se dio también en Vieques a
propósito de las expropiaciones de tierras por la Marina de Guerra, del 1940 al
1950, precisamente el período de existencia y pugnas por el control de la CGT.  
Al tiempo que apretaba el control gubernamental sobre la CGT, Muñoz Marín dejó
clara su posición sobre las expropiaciones y expulsión de trabajadores de las
mismas asumiendo el [...] “no inmiscuirse en forma o manera alguna en asuntos
relacionados con la Defensa Nacional a menos que no [fuera] sea para brindarle
su más decidido apoyo.”   Tanto así que para emplear a alguien en Vieques el
Comité Municipal del PPD tenía que obtener el visto bueno de Muñoz caso por
caso.  El oponerse a las expropiaciones y expulsiones por parte de la Marina era
razón para no obtener trabajo ni ayuda del gobierno.  De ese modo podemos
apreciar que los esfuerzos de control sobre la CGT no fueron algo aislado y si una
estrategia política del PPD para mantener su hegemonía como interlocutor
privilegiado de los intereses de los EEUU en Puerto Rico.  Este libro de Raúl
abona evidencia adicional en esa dirección.
Los detalles que se nos presentan en este libro son esclarecedores e invitan a
seguir leyendo e indagando.  Es sin lugar a dudas una de las muchas
aportaciones importantes del libro que les invito a leer con detenimiento.  En
especial este periodo del 1939-1945, en el que desarrolla la vida institucional de
la CGT y que coincide con la Segunda Guerra Mundial, un periodo en el que se
realizaron transformaciones aceleradas en la relación colonial y en la estructura
social puertorriqueña y que sirven de base al periodo del surgimiento del MPI-
PSP.  Ha sido tratado por diversos autores desde la óptica militar y política, pero
hasta ahora no se había cubierto desde el punto de vista sindical y del
movimiento obrero.  Felizmente, Raúl lo hace en este libro para establecer los
antecedentes y el contexto en el que surge a partir de la década de 1960: la
Nueva Lucha y el Nuevo Sindicalismo impulsado por el MPI-PSP y su frente
sindical, el MOU.  
En tercer lugar y por último, Sindicalismo y lucha política, de Raúl Guadalupe,
traza lo que fue sin lugar a dudas el más importante avance político del Siglo XX
para la clase obrera en Puerto Rico, con la fundación del MPI, su desarrollo como
PSP y su inserción en el movimiento obrero a través del Movimiento Obrero
Unido, pasando por la huelga de 1,200 trabajadores de la General Electric en el
barrio Palmer, bajo la gobernación de Luis A. Ferré.  Los aciertos y desaciertos
de la política sindical del MPI-PSP, las luchas de tendencias a su interior, su
potenciación de un sindicalismo independiente, paralelo al trabajo con las
“uniones internacionales” o “uniones americanas”, y los efectos de la resonancia
que tenía aún la crisis e implosión de la CGT dos décadas atrás, son tratadas de
forma dialéctica, clara y concisa por Raúl.  Sobre esto no me detendré y más bien
los remito al texto pues la narrativa de Raúl es insustituible.  Esta excelente obra
dará mucho de que hablar, y esperamos que así sea pues mucha falta hace que
se afronten ya los errores del pasado.  Además, nos parece que logra establecer
la génesis de muchos problemas actuales en el movimiento obrero y da pistas
sobre cuestiones como la división y debilidad del movimiento obrero y sindical
actual; del porque hubo dos tarimas el pasado “paro nacional”, y de porque no se
ha podido cuajar una respuesta coherente y vigorosa de parte del movimiento
obrero ante la crisis y las cesantías perpetradas por la actual administración
colonial.  De la lectura de estos capítulos, en especial del tercero, les aseguro que
surgirán preguntas como las siguientes: ¿Fue lo del jueves 15 de octubre un paro
nacional?  ¿Qué realmente se quería lograr y qué en realmente se logró?  ¿Qué
camino tomar ante la compleja crisis a la que se enfrenta el movimiento obrero a
su interior y ante la crisis de la economía capitalista que no parece tener un fin
cercano? ¿Será acaso que la caída del PSP y su herencia de aciertos y de
importantes desaciertos aún no han logrado ser superadas críticamente por el
movimiento obrero?  ¿Será acaso el activismo a través del Partido Demócrata
de los EEUU la “nueva lucha” que se le propondrá al movimiento obrero?  ¿Será
esa la salida o habrá aún oportunidad para que el movimiento obrero
puertorriqueño se renueve y haga valer los intereses y aspiraciones de la mayoría
de forma independiente?    
Entonces ¿Cómo enfrentar la Ley #7 y las políticas que le dieron vida sin que
tengamos los trabajadores que rendirnos una vez más y esperar para votar por el
menos malo?  Ante este panorama tétrico para la clase obrera, vale preguntarnos
con profunda honestidad: ¿No estaremos acaso arrastrando viejos errores,
reviviendo viejas practicas subjetivistas, voluntaristas y triunfalistas, similares o
iguales a las que se analizan en este libro?  Algo si puedo asegurarles, Raúl no
les dará todas las respuestas en su libro, pero les aseguro que obtendrán sólidas
pistas históricas que los pondrán a reflexionar y a hacerse seriamente otra
pregunta: ¿Qué hacer, de dónde venimos y hacia dónde vamos?  
Les invito a leer Sindicalismo y lucha política, a reflexionar y a actuar.
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Presentación del libro
Militarismo y clases sociales en Vieques: 1910-1950

Por: Profesor Raúl Guadalupe de Jesús, UPR-Bayamón

Librería Mágica,
Río Piedras, Puerto Rico
13 de marzo de 2008

Archivo Histórico y Museo Fuerte Conde de Mirasol
Vieques, Puerto Rico
20 de abril de 2008
XXXI Festival Cultural Viequense

Buenas tardes.  Hoy les presentaré una historia que para muchos puertorriqueños
es sólo eso una historia.  La mayoría de los puertorriqueños sentimos la barbarie
perpetrada por la Marina de Guerra de los Estados Unidos y luchamos contra
ella.  Sin embargo, hay que establecer que no vivimos la historia de terror que ha
vivido este pueblo nuestro como la mayoría de los aquí presentes.   La isla grande
vive otra historia de terror.  Comienzo estableciendo lo anterior con la firme
convicción de que esta historia que nos devuelve
Miguel Santiago nos pertenece
a todos los puertorriqueños pero especialmente a nuestro amado pueblo de
Vieques.   Hoy existen historiadores oficiales que hablan del fin de las naciones y
del fin de la historia misma, se equivocan.  La nación no es una esencia ni es una
abstracción académica.  La nación es una realidad material, cotidiana y social
que se construye con los lazos de empatía y simpatía que una comunidad humana
va construyendo.  La nación no es perfecta pero todavía es necesaria y por que
es necesaria tenemos que someterla a constantes transformaciones para
eliminar todo tipo de opresión y de injusticias.

Fredric Jameson  en su texto
Una modernidad singular establece, entre otras
cosas, la vuelta de la sociedad a las corrientes centrales del mundo moderno.   
Nos dice que luego de la euforia posestructuralista y su crítica a los metarelatos o
grandes narrativas teleológicas, la sociedad contemporánea ha retomado los
antiguos paradigmas de la modernidad.   Actualmente, vivimos sometidos y
medidos por el cálculo económico neoliberal.  Ahora,  el culto que nos tratan de
hacer creer es el de la necesidad de la determinación del mercado en  todos los
aspectos de la vida social con la consiguiente no intervención del estado.   Ante el
fracaso del metarelato posmoderno los nuevos departamentos de filosofía están
volviendo a justificarse en el mundo académico, los conflictos nacionales por la
autodeterminación siguen vivos y los estados nacionales constituidos siguen
protegiendo sus fronteras.

En toda ´´vuelta´´ reaparecen las tesis y sus negaciones.  El marxismo como
instrumento de análisis de la realidad, el materialismo histórico y el materialismo
dialéctico, como corpus teórico fue declarado muerto por los ideólogos
burgueses desde su nacimiento.   Sin embargo, como la canción de Joan Manuel
Serrat propone, mientras existan condiciones de explotación social un análisis
como el marxista no se debe subestimar.  Si el paradigma neoliberal ha vuelto a
reaparecer imponiendo sus criterios el marxismo se rearticula para ofrecerle
resistencia.  En la realidad ambos campos de fuerzas ideológicas han estado en
una batalla permanente como la metáfora que nos propone la película 1900
dirigida por Bernardo Bertolucci.*

Al leer el texto sobre Vieques que nos ofrece Miguel Santiago, que lleva como
título Militarismo y clases sociales en Vieques: 1910-1950, me convenzo que
estamos ante un trabajo de investigación histórica que sabe combinar varias
dimensiones del conflicto sociohistórico que nos presenta; las expropiaciones de
terrenos en la isla de Vieques por la Marina de Guerra norteamericana.    Los
aspectos del texto que me llamaron la atención como lector son los siguientes:  la
presentación de la isla de Vieques como parte de la economía norteamericana
del azúcar y luego como parte del aparato militar; la manera clara en que hilvana
las relaciones de poder político y el proceso de las expropiaciones;  las
relaciones de poder económico de la élite viequense y sus relaciones de
parentesco y la complicidad del Partido Popular Democrático y su líder más
importante, Luis Muñoz Marín, con el aparato militar en el proceso de
expropiación de la mayor parte de la tierra en está isla municipio.

En el primer capítulo, página 15,  Santiago nos dice  que; ´´Para principios del
siglo XX la política exterior de los Estados Unidos estaba fuertemente matizada
por el consumo de azúcar que se presentaba de forma acentuada en su
expansión militar en la cuenca del Caribe.   El imperialismo estadounidense en su
versión tropical se consolidaba con el saldo de tener en lugar de Barbados, a
Puerto Rico; en lugar de Jamaica, a Cuba; mientras que en la vital zona del
Pacífico tenían a Hawai y las Filipinas.´´  

En la isla de Vieques , nos dice el autor, las tierras ya estaban expropiadas pues
pertenecían  a un pequeño grupo de 26 individuos entre los que se destacaba:
José J. Benítez Díaz.   Este personaje de la historia real perteneció y fue
funcionario electo del Partido Unión de Puerto Rico y amigo íntimo del poeta Luis
Lloréns Torres.   Benítez Díaz fue dueño de la central Benítez Sugar Company,
luego Playa Grande Sugar Corporation.  Esta central o corporación azucarera
jugó un papel subordinado en el proceso de expropiación de sus terrenos por la
Marina de Guerra.  Miguel Santiago nos expone de forma minuciosa en el
segundo capítulo, titulado ´´Entre la burguesía y la milicia: 1930-1941´´ ,
específicamente entre las páginas 78 y 88, la manera y forma en que la burguesía
local de Vieques, no sólo el dueño de la Central Playa Grande Sugar Corporation,
Juan Ángel Tió, se entregaron a los designios imperiales invocando una defensa
nacional en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.   

La forma y manera en que el Departamento de Defensa y el gobierno
estadounidense expropió a la burguesía local no fue la misma con la que expropió
a los trabajadores de la caña y a los pequeños propietarios.  Para los primeros
hubo remuneraciones considerables, para los segundos raquíticas en el mejor de
los casos.  La primera expropiación de tierras se decretó el 12 de noviembre de
1941 ordenada por un puertorriqueño, juez interino de nombre Roberto Henry
Todd, Jr. .   En el año de 1942 se produjeron cuatro expropiaciones y tres  en el
año de 1943.  La última de estas expropiaciones se ordenó el 2 de diciembre de
1950 mediante el caso civil #6188.  Sobre las expropiaciones de 1942 nos dice
el autor:
Como consecuencia, las islas de Puerto Rico y Vieques experimentaban un
acelerado proceso de militarización cada vez más agresivo que las iba
convirtiendo en el Pearl Habor del Caribe.   Entrando el 1942, ese proceso se
aceleró y sólo para Vieques llegaron a ordenarse cuatro expropiaciones.
Curioso proceso de militarización pues los resultados no fueron útiles para la
batalla del Atlántico que se libraba entre los aliados y las fuerzas alemanas en la
Segunda Guerra Mundial.  El aparato militar norteamericano en Vieques quedó
coherentemente constituido luego de acabado el conflicto.   Como nos sugiere
Santiago, la militarización de la isla vino a cumplir una función político militar en el
contexto de la posguerra.

Otra de las dimensiones del trabajo de Santiago es la exposición documentada
de la colaboración del Partido Popular Democrático y Luis Muñoz Marín con la
Marina de Guerra norteamericana.   El autor establece, en la página 93, que
Franklin Roosvelt  le había brindado su apoyo al PPD y a Muñoz,  por medio de
Rexford G. Tugwell prometiéndole un nuevo arreglo del estatus y la posible
aprobación de una ley de gobernador electivo.  

De hecho, Santiago nos muestra cómo respondió Luis Muñoz Marín ante el
pedido de ayuda de los viequenses, luego de la depredación militar.   La crisis
entre los habitantes de la isla municipio fue de tal magnitud que Muñoz como
presidente del Senado se vio obligado entre el 26 y 27 de febrero de 1943 a
convocar a una comisión de 7 miembros para que estudiaran la situación y
sometieran recomendaciones.    A raíz de las recomendaciones de la comisión, el
presidente del Senado, Luis Muñoz Marín, emitió una serie de órdenes que no
resolvieron de forma extraordinaria los problemas de falta de trabajo y de malas
condiciones de salud.

Toda esta actividad se desarrolló tras la visita que la heterogénea comisión de
viequenses le hiciera a Muñoz el 23 de febrero de 1943, alarmados por la crítica
situación en la pequeña y golpeada isla.    Aparentemente esa visita se consideró
como una bandera de peligro.  Como respuesta el esfuerzo del PPD se dirigió a
mantener bajo control  a la población viequense en medio de la situación de
guerra.  Por supuesto, de parte de Muñoz no hubo intención de cuestionar la
agresiva agenda militar de la potencia metropolitana, sino más bien un
compromiso de seguir con su principio irreductible de “no inmiscuirse en forma o
manera alguna en asuntos relacionados con la Defensa nacional a menos que no
sea para brindarle su más decidido apoyo”.

Esta fue la actitud consecuente de Luis Muñoz Marín.  La ayuda en materia de
creación de empleos que viabilizó a favor de los habitantes de Vieques se realizó
a través del Comité Municipal del PPD.   Desarrollando las políticas clientelistas y
caciquistas de las que otros investigadores han hablado y que Santiago expone
con evidencia y documentación exhaustiva.  Esos métodos clientelistas y
caciquistas produjeron un proceso de subordinación en múltiples formas en una
población desamparada.   Como me dijera el propio autor de este libro ayer: el
clientelismo y el caciquismo no se lo inventó Pedro Rosselló.
El historiador de esta investigación que hoy invito a leer y a estudiar nos relata
con un estilo diáfano los procesos de expropiación en Vieques perpetrados por la
Marina estadounidense hilvanados de forma magistral con los acontecimientos
de la Segunda Guerra Mundial.  Las formas y maneras en que transita de lo local
a lo mundial es sencillamente gratificante; nos recuerda, a un nivel menos
pudoroso, algunas técnicas narrativas de los novelistas del boom latinoamericano.
Santiago comienza su texto con un epígrafe de El Capital de Karl Marx que
establece lo siguiente:

Un par de palabras para evitar posibles equívocos.  En esta obra, las figuras del
capitalista y del terrateniente no aparecen pintadas, ni mucho menos, de color
rosa.  Pero adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto
personificación de categorías económicas, como representantes de
determinados intereses y relaciones de clase.  Quien como yo concibe el
desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso
histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de  
relaciones en las que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se
considere muy por encima de ellas.

Con este epígrafe mi amigo persigue curarse en salud.  Pues otra de las
dimensiones que desarrolla en su libro son las relaciones de parentesco, que por
su propia confesión las toma del campo de la etnografía.  En su investigación de
los títulos de propiedad y de los propietarios de las  tierras de Vieques aparecen
apellidos muy ligados a la historia de nuestro país: los Benítez, los Tió y los
Sampayo, entre otros.   La documentación utilizada: registro de la propiedad y los
censos, entre otras fuentes, son exprimidas como una esponja por el historiador
en su afán de evidenciar todo lo expuesto.

El libro que hoy les presento es sin temor a equivocarme una de las mejores
investigaciones sobre Vieques realizadas hasta el momento.  Con un dominio
sólido de la economía política marxista y un excelente manejo de las fuentes,
Santiago reconstruye  la historia de uno de los tantos crímenes del colonialismo
norteamericano en nuestro país.   Crímenes permitidos por líderes coloniales
como Luis Muñoz Marín.  Santiago nos ofrece información exhaustiva de esa
colaboración.   Resalto este hecho para llamar la atención sobre ciertas
investigaciones que se vienen realizando para querer presentar un rostro
benévolo de Luis Muñoz Marín.  Claro que como todo ser humano, Luis Muñoz
Marín actúo de forma negativa y positiva según los momentos de su vida.   Sin
embargo, lo que no podemos ignorar es que se falte a la verdad histórica,
construyendo una historia apologética del líder.  Después de todo como dice
Marx, y Santiago cita, esto no es un asunto personal.

La historia de Miguel A. Santiago es una sin coartadas.   Los datos empíricos son
alambicados por una concepción teórica clara y sin sofismas.  Un ejemplo de ello
es la forma en que expone los datos sobre la propiedad, que en momentos
parecería que esta escribiendo un informe de bienes raíces, no obstante esos
datos van a alumbrar una posición o a reforzar un argumento.    Santiago no
busca paralogizar, es decir, no intenta persuadir con discursos falaces y razones
aparentes.   Esa no es la manera de hacer historia de mi amigo.   La historia de
Santiago es una que busca reconstruir el pasado para entender y actuar en el
presente.  Es una historia para la liberación.   Escrita en una prosa  diáfana y
cautivadora, la forma en que en momentos nos relata los sucesos se acerca a la
narrativa.   Como Georg Duby, narra la historia pero no es productor de ficciones
ni mucho menos prestidigitador. El historiador, Miguel A. Santiago, nos ha
devuelto al presente, a los viequenses, a los puertorriqueños, en fin,  al
archipiélago de Puerto Rico, como dijera Pedro Albizu Campos, una historia que
no debemos permitir que ocurra jamás por el bien de nuestra integridad territorial.
"Un par de palabras para
evitar posibles equívocos.  
En esta obra, las figuras
del capitalista y del
terrateniente no aparecen
pintadas, ni mucho menos
, de color de rosa.  Pero
adviértase que aquí sólo
nos referimos a las
personas en cuanto
personificación de
categorías económicas,
como representantes de
determinados intereses y
relaciones de clases.  
Quien como yo concibe el
desarrollo de la formación
económica de la sociedad
como un proceso
histórico-natural, no puede
hacer al individuo
responsable de la
existencia de relaciones
en las que él es
socialmente criatura,
aunque subjetivamente se
considere muy por encima
de ellas."

Karl Marx,
El Capital